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La crítica es constructiva
cuando pretende que el otro mejore. |
En un partido político no importan sólo las ideas que defienden, sino
también -y mucho- las personas que luchan por ellas: sus líderes y
afiliados.
Si los dirigentes de un partido no se preocupan de
captar para su causa a buenos ciudadanos (si es posible a los mejores), o
si
-lo que es peor- relegan o
expulsan a los que se acercan al partido y se afilian pretendiendo aportar y contribuir al proyecto con mente crítica, entonces ese partido
acabará lleno de incompetentes y de pequeños dictadores, que fomentarán el
amiguismo y el favoritismo a cambio de sumisión... y al final serán más de lo mismo: casta despreciable.
Hay quien dice que los dirigentes de Ciudadanos no me dejan
afiliarme a su partido porque fui muy crítico con UPyD, y temen que sea
crítico con ellos. Demuestran estar muy poco informados.
Pueden comprobar que
desde que me afilié a UPyD, el año 2009, y hasta el año 2013, fui el
afiliado gallego que más defendió y que más difundió las ideas y
propuestas de ese partido en los medios de comunicación, en foros y debates.
Hasta Rosa Díez, con la que compartí estrado en varias ocasiones, me felicitó
por alguno de mis artículos. También fui el candidato gallego de UPyD que más votos recibió en las municipales del año 2011.
Pero desde el año 2012 empecé a detectar que dentro de UPyD
ocurrían cosas inaceptables: prácticas autoritarias y nada democráticas
llevadas a cabo por algunos dirigentes nacionales, y también gallegos,
protegidos por el aparato del partido. Empecé a presentar
denuncias ante los órganos internos de UPyD, sin dejar que trascendiera al
exterior del partido la mínima queja ni crítica. Mi sorpresa fue en aumento al
ver que desde la dirección de UPyD se encubrían esas prácticas, y llegó al
máximo cuando en septiembre de 2013 la dirección nacional de UPyD me sancionó
con una expulsión que me impedía asistir al congreso del Partido, en el
que iba a expresar mi profunda preocupación por todo lo que estaba
pasando en Galicia y en la dirección del partido. Los motivos de esa expulsión eran ridículos, pero
además UPyD no cumplió los estatutos al sancionarme, y los volvió a incumplir
al no responder a mi recurso. Cuando tras mucho luchar caí en la cuenta de que
ya no era posible arreglar aquella situación, y ya sin tener la condición de
afiliado, me convertí en una de las voces más críticas a nivel
nacional contra los entonces dirigentes de UPyD, que habían secuestrado el
partido y traicionado sus principios de regeneración política.
Me resulta triste
comprobar cómo ha terminado el llamado partido magenta, por el que tanto luché. El
despotismo de sus dirigentes y su desprecio a los afiliados (más de 20.000 se
fueron o fuimos expulsados) han hundido al partido. Creo que el intento de salvarlo será en vano.
Puedo estar en desacuerdo en algunas cosas concretas, pero
nunca he criticado el programa o las ideas (en general) de UPyD. Sólo denuncié
y critiqué las cosas que en UPyD se hacían mal, y a aquellos dirigentes de
UPyD calificables de políticamente corruptos. Y siempre lo hice de manera razonada
y respetuosa. Si en alguna cosa me equivoqué, rectifiqué tras conocer los datos
correctos. Y nadie puede encontrar ninguna mentira en ninguno de mis escritos
críticos contra UPyD, que son muchos.
Cuando se entabló un conflicto dialéctico entre UPyD y Ciudadanos defendí al partido de Albert Rivera. Bastantes miembros de C´s me felicitaron y me pidieron que me afiliara.
Cuando al final lo he intentado, han rechazado mi solicitud (por orden, se supone, de los dirigentes locales de C´s).
Si algún día entro en C´s será
para apoyar sus ideas (que en líneas generales comparto), para trabajar en
equipo con todos los afiliados (me da igual de donde vengan si son decentes y trabajan
por la tarea común), y para ayudar a los mejores candidatos que puedan
representarnos y hacer que esas propuestas se hagan realidad. Y
criticaré las cosas que vea que se hagan mal, si ocurre, con respeto y discreción: con la intención de que mi crítica sirva para rectificar y mejorar.
Si alguien en Ciudadanos piensa que voy a criticarles y eso le
lleva a rechazar que yo me afilie, debe ser porque está pensando en hacer
cosas mal. O ya las está haciendo. Y es preocupante escuchar que afiliados de
Ciudadanos de Vigo y del resto de Galicia no se atreven a decir lo que piensan
por miedo a ser expulsados. Un partido que pone el listón de la regeneración
democrática muy alto no puede permitir que pase eso.
Y es preocupante comprobar la cantidad de afiliados gallegos (y también de otros sitios) que han sidoexpulsados de C´s. Incluso el candidato elegido en primarias para el 20D por la
provincia de Pontevedra, José Rivadulla, se han ido de Ciudadanos al comprobar
lo que está pasando.
¿Pretende Ciudadanos seguir el
camino de UPyD? Si un partido anula la crítica interna está condenado a la colonización
por dirigentes incompetentes: solo habrá sitio para ellos y para sus amigos
(como pasa por ejemplo en el PSdG en Vigo con el cacique Abel Caballero). Y me
temo que eso es lo que puede estar pasando en Ciudadanos en Galicia, donde todo parece
indicar que se han hecho con el poder personas que no son las más adecuadas
(algunas de ellas salidas de UPyD).
Una verdadera pena.
Por eso hago un llamamiento a los
afiliados gallegos de Ciudadanos, a los que por el mero hecho de haberse afiliado considero nobles y demócratas: para que no se
callen y luchen por lo que realmente defiende su partido, para que reclamen a sus dirigentes democracia interna, meritocracia, respeto
a los ciudadanos que quieren sumarse a ese proyecto político... que acaben las
purgas. Me temo que los dirigentes del partido de Barcelona se deben creer
que todos los que han sido expulsados de C´s en Galicia (o rechazados) eran gallegos malvados que
se querían infiltrar para hundir el partido, o para aprovecharse de él… Eso ha podido pasar en algún caso concreto, pero parece imposible que haya sido en todos los casos, ni siquiera en la mayoría.
Cuando alguien dentro un
partido dice que algo se ha hecho mal, los dirigentes deben investigar si
realmente algo se ha hecho mal (y no invitar al afiliado a irse del partido, como me pasó en UPyD); y si un afiliado propone alguna
innovación, deben analizar y debatir si la propuesta de ese afiliado
es acorde con la línea del partido, si supone una mejora y si se puede aplicar...
Pero, curiosamente, en algunos partidos, los afiliados que hacen críticas
o sugerencias son temidos o despreciados, y acaban siendo represaliados o expulsados. Ese
no es el camino de la democracia. Y Albert Rivera lo sabe. ¿Pondrá remedio?