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domingo, 8 de enero de 2012

Solidaridad con los votantes del PP.

Manifiesto mi solidaridad con los votantes del Partido Popular, con la mayoría de ellos, que en este momento se deben sentir traicionados, cabreados y defraudados.
Zapatero tardó 2 años en incumplir sus promesas. A Rajoy le han bastado unos días.
En Galicia los líderes del PP ya nos habían dejado muy claro que acostumbran a engañar a sus votantes, y que una vez que han recibido los votos no cumplen sus promesas. Alberto Núñez Feijóo tampoco cumplió su palabra en el sensible tema de las lenguas de la enseñanza, traicionando a los gallegos que le habían votado esperando la prometida libertad de elección. Corina Porro no alcanzó la Alcaldía de Vigo y no cumplió su promesa de quedarse a trabajar por la ciudad (Leer): ahora preside un Consello de la Xunta (similar al que suprimió Cospedal en CastillaLaMancha) que sirve sobre todo para que algunos políticos se forren (Porro gana ahí 73.000 euros al año).
¿Padecerá Rajoy amnesia?
¿Habrá tomado el pelo a sus votantes?
Nada más formar el nuevo Gobierno Rajoy ha tomado su primera decisión, incumpliendo su promesa de no subir los impuestos. Los votantes más ingenuos del PP se creerán el cuento de que se ha visto obligado a actuar así porque no sabía que el déficit era tan alto. Pero eso no es cierto, porque los expertos ya lo habían advertido y sus asesores económicos ya lo sabían (leer artículo sobre las promesas del PP de bajar los impuestos). Reitero por tanto mi solidaridad con los votantes honestos del PP que se deben sentir traicionados, cabreados y defraudados.
Si yo fuera votante del PP me sentiría traicionado y seguiría esperando que Rajoy, del que se confiaba que fuera el Líder que iba a sacar a España de la crisis, diera personalmente alguna explicación. No me siento traicionado, porque no he votado al PP; pero pienso que Rajoy ha traicionado al pueblo entero y a nuestra democracia. Los compromisos que un candidato adquiere con sus promesas electorales tienen un importante carácter ético, podríamos decir que sagrado, para el funcionamiento de una verdadera democracia. Porque la democracia se basa en la soberanía popular: los ciudadanos eligen a sus representantes no para que hagan lo que quieran, sino para que cumplan lo que dicen que van a hacer, su programa y sus promesas.
Como pagador de impuestos que soy, comparto el cabreo con los votantes del PP, sobre todo porque sé que el dinero que se han gastado los políticos con su mala gestión y con sus despilfarros, y que ahora quieren recuperar a mi costa (a nuestra costa), se lo van a seguir gastando en beneficio propio y de su Partido. Además Rajoy ha cargado el mayor peso de la deuda pública sobre los hombros de la clase media, de los trabajadores: la subida de impuestos no creará puestos de trabajo y tendrá el pernicioso efecto de ralentizar la economía. Muchos pensamos que Rajoy no se atreve a tomar las medidas necesarias para racionalizar y reducir el gasto público inútil, especialmente en las Autonomías, y para reclamar más dinero a las entidades financieras, aumentar la presión fiscal sobre las rentas del capital y acabar con la economía sumergida.
Pero al menos la decisión de Rajoy no me ha defraudado tanto como a los votantes del PP, porque yo no me esperaba como ellos que lo fuera a hacer bien, y ya sé que el PP no cambiará muchas cosas injustas (como la Ley Electoral, por ejemplo) porque les benefician.

PD Este artículo ha sido publicado en Atlántico Diario de Vigo.