miércoles, 14 de junio de 2017

Si todavía se habla el catalán es gracias a España. Tres momentos históricos en los que reyes españoles salvaron a Cataluña de caer bajo el poder de Francia. 1 de 3: El Tratado de Corbeil en 1258.

   Si los niños catalanes pueden estudiar en catalán es gracias a España. Es más: si todavía se habla el catalán, y si Cataluña es una entidad política con cierto autogobierno, es gracias a España.
   Se puede avalar esa afirmación recordando tres momentos históricos en los que Cataluña estuvo bajo el dominio de Francia: entre los siglos VIII y XIII, entre los años 1640 y 1659, y el bienio 1812 -1814.
   Y si España no hubiera acudido a rescatar a nuestros hermanos catalanes en alguna de esas tres ocasiones, hoy en día toda Cataluña pertenecería a Francia, que es un Estado-Nación celoso de su unidad y uniformidad, y donde el único idioma oficial es el francés (que es además la única lengua vehicular de la enseñanza en todo el territorio, pues se permite el estudio de las lenguas regionales, como el bretón, el catalán, el vasco, y el corso... pero con el mismo tratamiento que las lenguas extranjeras). Si España no hubiera hecho lo que hizo, si hubiera abandonado a su suerte a los catalanes, tampoco tendrían ahora los actuales habitantes de Cataluña competencias en gobierno, pues los Departamentos Territoriales franceses solo suponen una mera descentralización administrativa, sin atribuciones políticas...
   Repasemos la historia:

La Hispania romana el año 10 EC.
   Durante más de seis siglos los territorios que hoy conforman Cataluña fueron parte de la República y del Imperio de Roma, dentro de la provincia llamada Hispania (que a su vez pasó por diversas subdivisiones). Desde entonces podemos reivindicar la unión de todos los pueblos de la península ibérica, recordando que una ciudad de Cataluña, Tarraco (Tarragona), fue durante mucho tiempo la capital de Hispania.
   A comienzos del siglo V se produjo la ocupación de esos territorios por los Visigodos, que cien años después trasladaron su capital desde Tolosa (Tolousse, al norte de los Pirineos) hasta Toledo, donde asentaron un floreciente reino, que fue el más importante del occidente europeo durante los siglos VI y VII, y que incluía, además de toda la península, amplios territorios de la costa mediterránea francesa, la llamada Septimania. Desde el reinado de Leovigildo (572-586) ya podemos hablar de España como nación: una comunidad culturalmente homogénea que ocupa un territorio y que tiene un gobierno soberano que no depende de ningún otro.

El Reino Visigodo de Toledo hacia el año 700.
   El año 711 los musulmanes invadieron la Hispania Visigoda, y una década después su dominio alcanzaba varias ciudades y regiones más allá de los pirineos. Los Francos se enfrentaron a ellos y también tuvieron que vivir "su reconquista", que comenzó en la victoria de Poitiers (732) y no fue fácil: hasta el año 759 no liberaron Narbona (principal puerto de la Septimania) del poder del Emirato de Córdoba. El año 785 el emperador Carlomagno recuperaba Gerona, y en sucesivas campañas los Francos fueron reconquistando más ciudades musulmanas, entre ellas Barcelona, el año 801.
   Los reyes francos fomentaron la repoblación de esos territorios y establecieron allí Condados, regidos por Condes, cuya misión era garantizar la seguridad de sus fronteras con Al Andalus. Los Condados de esa región conformaron la llamada Marca Hispánica, que eclesiásticamente dependía de la archidiócesis de Narbona. La reconquista de lo que hoy es Cataluña duró más de cuatro siglos, y no fue fácil: por ejemplo, el año 985 Almanzor saqueó e incendió Barcelona (sin que el Rey de Francia mandara ayuda, algo que no sentó bien entre los Condes).

Los condados de la Marca Hispánica y
de la Marca de Gotia, demarcaciones
establecidas por Carlomagno.
Es falso que en esa época (x IX) se pudiera
hablar de los Condados Catalanes.
   En esa línea y con el paso del tiempo, debido a las distancias y a sus problemas internos, los reyes francos fueron desocupándose de esos Condados, que aunque seguían sometidos legalmente (por derecho) al reino de Francia, establecieron una sucesión dinástica, y en la práctica (de hecho) dejaron de rendir vasallaje a los reyes franceses. Los Condes empezaron a organizarse con una cierta autonomía, pero no hay datos de que sintieran la necesidad de ser independientes y erigirse en reino: y siempre fueron conscientes de su origen, de su dependencia respecto a un reino o poder soberano, y respetuosos con la legalidad.
   Los condados de la Marca Hispánica fueron aumentando voluntariamente sus vínculos con los reinos peninsulares. El año 1135 Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona (que fue el Condado que más importancia y poder alcanzó) acudió a León, junto con otros Condes del sur y del norte de los Pirineos, a la coronación como Emperador de toda Hispania del rey Alfonso VII de León, rindiéndole vasallaje. Un año más tarde el Rey Ramiro II de Aragón le ofreció a ese mismo Conde de Barcelona el matrimonio con Petronila, la heredera de la corona, en una boda diplomática que pretendía restaurar la dinastía aragonesa: el Conde no reinaría (no podía hacerlo al no ser de sangre real), pero el hijo de ese matrimonio, Alfonso II, que nació en 1152 en Huesca, fue el primero en llevar los títulos de Rey de Aragón y Conde de Barcelona. Años después apareció la palabra "Cataluña", término de origen incierto  y que lo encontramos por primera vez en el testamento de ese Rey, Alfonso II, que murió en 1.196. Sus sucesores empezaron a figurar en documentos con los títulos de Rey de Aragón y Príncipe de Cataluña, siempre indisolublemente unidos.
   (Por tanto es evidente que no se puede usar el término "Condados Catalanes" cuando nos referimos a los Condados de la Marca Hispánica o al Condado de Barcelona, salvo que nos situemos en fechas posteriores a 1200. Es un error frecuente, bien por ignorancia o bien una manipulación falaz por intereses políticos).
   A mediados del siglo XII los aragoneses y los Condes de Barcelona (y otros como los Condes de Urgell, que mantuvieron cierta independencia y se incorporaron a la corona de Aragón en 1413) reactivan la reconquista contra los reinos de Taifas en los que había degenerado el califato de Córdoba con su fragmentación, lo que condujo a su desaparición (un ejemplo de cómo "la unión hace la fuerza" y es mejor para todos). Toman Lérida (1149) y repueblan Tarragona (a partir de 1129), donde poco después se restaura la Archidiócesis eclesiástica de la Tarraconensis, que recuperó sus antiguos obispados (los actuales de Cataluña y Aragón, y otros) que habían dependido durante todos esos siglos del Arzobispo de Narbona (en la Septimania, territorio de Francia).
   El año 1212, en la batalla de las Navas de Tolosa, todos los reinos cristianos peninsulares derrotan a los almohades, decantando definitivamente el futuro de la reconquista de España: en esa batalla las huestes de los condes catalanes destacaron por su valentía, luchando bajo la bandera del Rey Pedro II de Aragón, como reflejó en esa misma época en su Crónica histórica de Hispania el arzobispo de Toledo Jiménez de Rada.

Aragón entregó en el tratado de Corbeil (1259) sus vastos territorios de Tolosa,
la Septimania y Provenza, y se quedó con los Condados Catalanes. REF.
   Aragón conquistó Mallorca y Valencia, y expandió ampliamente sus dominios también por el norte de los pirineos, en territorio hoy francés, apoyando a los cátaros y enfrentándose con Francia y con los ejércitos papales. Pero el mencionado rey Pedro II de Aragón fue derrotado en la batalla de Muret (1213), y el poderío de Francia se fue haciendo cada vez más evidente. Entonces su rey Luis IX reivindicó el dominio de los condados de la Marca Hispánica. El conflicto acabó en 1258 cuando el Rey de Aragón Jaime I (el Conquistador) firmó con ese rey francés el tratado de Corbeil (lugar cercano a París) que establecía nuevas fronteras entre ambos reinos: Aragón cedía a Francia sus condados y posesiones de Tolouse, Narbona, Albi, Montpellier, Marsella, toda la Provenza... Y el Rey de Francia renunciaba a sus derechos sobre los condados de Ampuries, Barcelona, Besalú, Cerdanya, Conflent, Girona, Osona, Roselló y Urgell, que al haber sido fundados por Carlomagno seguían siendo de su propiedad (como el propio tratado recuerda). A partir de ese momento todos esos Condados (que conforman gran parte de la actual Cataluña) pasaban a depender, también de derecho, del Reino de Aragón.
   Esa fue la primera vez que un Rey hispano salvó a los catalanes de quedar bajo el poder de Francia...
Pocos conocen que Aragón tenía vastos territorios en el sur
de Francia, a los que renunció el año 1258
a cambio de Cataluña. REF.
   Este artículo (1 de 3) se continua en los dos siguientes, en los que la historia "se repite" y España salva a Cataluña de quedar incorporada a Francia, con todo lo que eso hubiera conllevado:
   2 de 3: Cataluña es francesa a mediados del siglo XVII (Guerra de los 30 años y Paz de los Pirineos) (Ver),
   3 de 3: Cataluña es integrada como parte del Imperio Francés de Napoleón Bonaparte, a principios del siglo XIX (Ver).



Nótese el anacronismo histórico: en el siglo IX no existía la palabra
Cataluña, ni por tanto los Condados Catalanes.
Lo que sí existían eran varios Condados, vasallos del rey
de Francia, que formaban unos la Marca Hispánica y otros
la Marca Septimana o Gotia. Los mal llamados
"condados catalanes" que se suponen dieron lugar a Cataluña,
tenían una extensión de aproximadamente la mitad de
la actual Cataluña, y no incluían ni a Lérida ni
a Tarragona, reconquistadas en el siglo XII.



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