viernes, 16 de junio de 2017

Si todavía se habla el catalán es gracias a España. 3 de 3: Cataluña es integrada por Napoleón en el Imperio Francés en 1812 y España la recupera en 1814.

Este mapa muestra la división administrativa del Imperio Francés en 1812:
Cataluña no existe, y su territorio se ha dividido en cuatro departamentos o provincias
que están integradas en Francia.

   El año 1804 Napoleón Bonaparte se coronó a sí mismo como Emperador. Estaba decidido a dominar toda Europa y a hacer de París la capital del mundo. Y estuvo a punto de conseguirlo.
   1812 marca el máximo apogeo del imperio de Napoleón, en el que acabaría integrando lo que hoy constituye el territorio de Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, así como una parte de Alemania, de Suiza y de Italia... Y también Cataluña.
   Unos años antes Napoleón había presionado al débil rey español, el borbón Carlos IV, para que restituyera como Valido (equivalente a Primer Ministro) a Manuel Godoy. Y cuando lo consiguió, en 1800, Godoy puso La Armada Española a disposición de Francia, y también declaró la guerra a Portugal, que era aliada de Inglaterra (principal enemigo de Francia).
   En 1807 Napoleón firmó con Godoy el Tratado de Fontainebleau, por el que las tropas francesas tuvieron permiso para entrar en España, encaminadas a conquistar Portugal, para después repartirla entre ambos Reinos. Esa era la idea. Pero lo que iba a ser un tránsito se convirtió en una ocupación, y 100.000 soldados franceses se hicieron con el control de las principales ciudades españolas.
   En marzo de 1808 Carlos IV y su hijo Fernando VI fueron obligados a ir a Bayona (Francia) y a firmar su abdicación ante Napoleón, quien prometió que respetaría la independencia de España. En junio el Emperador promulgaba una nueva Constitución (llamada El Estatuto de Bayona) y nombraba Rey de España a su hermano José Bonaparte. El pueblo español se levantó en armas contra los franceses, comenzando La Guerra de la Independencia, que duró seis años.
Monumento a los héroes que
defendieron Tarragona frente
 los invasores franceses.
   Los llamados "afrancesados" de las grandes ciudades asumieron el estatus quo, pensando que era imposible derrotar al Imperio francés, y que formar parte de él sería tan malo, pues Napoleón había integrado a su manera el espíritu de la revolución francesa. Muchos de esos afrancesados eran intelectuales y comerciantes catalanes... Quizá por eso, y por la cercanía geográfica, el 26 de enero de 1812 Napoleón decidió quedarse con Cataluña y firmó un decreto por el que la desgajaba del resto de España y la integraba en su Imperio y bajo su gobierno directo. Y ese territorio anexionado por Francia no constituía una unidad que pudiera llamarse Cataluña, sino que quedaba dividida en cuatro Departamentos: Montserrat (Barcelona), Ter (Girona), Segre (Lleida) y Bouches de l’Èbre (Tarragona). Naturalmente, el entonces rey de España, José I -hermano de Napoleón y sometido a su voluntad-, no puso ninguna objeción. Cataluña pasó a considerase "Zona francesa anexionada". Napoleón también nombró Virreyes en Navarra, Vizcaya y Aragón, considerando esos territorios "Zonas francesas ocupadas".
    Los españoles plantaron cara a los franceses con la guerra de guerrillas, pero fue fundamental y definitivo pedir ayuda a Inglaterra, que desembarcó a sus tropas en Portugal y empezó a frenar a los ejércitos napoleónicos. Se puede decir que la ambición de Napoleón le llevó a la ruina: en su intento de invadir Rusia ordenó la retirada de algunas tropas de España para dirigirlas hacia Moscú, y así la coalición inglesa-española-portuguesa comenzó a ganar batallas, como la de julio de 1812 en Arapiles (cerca de Salamanca, batalla comandada por el Duque de Wellington, quien había sido nombrado General en Jefe de los ejércitos españoles), victoria que marcó el inicio del triunfo en la Guerra de la Independencia. Madrid es recuperado y el Rey José I Bonaparte se escapó de España en junio de 1813, y con el se fueron yendo las tropas francesas: José I nunca fue reconocido por el pueblo ni por la resistencia institucional, representada por la Junta Central y las Cortes de Cádiz.

Las Cortes de Cádiz se constituyeron en 1810. En la
Constitución liberal de 1812 defendieron la soberanía del
pueblo y el igualitarismo, acabando con los injustos
privilegios ancestrales que mantenían algunos territorios,
como Cataluña, Navarra y el País Vasco (Fueros).
   Sin embargo Cataluña seguía siendo la suma de cuatro provincias de Francia. Militares y políticos de ese País seguían controlando las principales ciudades y villas catalanas. Las tropas francesas que estaban en Valencia se habían replegado a Cataluña, reforzando su presencia allí. No parecían dispuestos a irse.
   Las naciones europeas consolidaron su coalición contra Francia, derrotando al ejército de Napoleón en la importante Batalla de Leipzig (o De las Naciones)en octubre de 1813. El 31 de marzo de 1814 los aliados entraban en París, y días después Napoleón abdicaba y era enviado al exilio de Elba. Francia restauró la monarquía borbónica con Luis XVIII el 6 de abril, quien dirigió la transición modélicamente, conservando en su puesto a los dirigentes bonapartistas: por ejemplo, nombró Ministro de la Guerra al General Soult, quien había dirigido el ejército de Napoleón en España.
Monumento a los mártires de
Barcelona, insurgentes contra
los franceses que fueron
ajusticiados en 1809 (VER).
   Los afrancesados catalanes y las fuerzas y gobernantes franceses comenzaron a sufrir el ataque de catalanes fieles a la monarquía hispana, cuya restauración buscaban las Cortes de Cádiz, que no estaban dispuestas a que Cataluña quedara dentro de las fronteras de Francia, y que habían designado al general Luis de Lacy Capitán General de Cataluña; después, en febrero de 1813, le reemplazaron por Francisco de Copons, que cosechó gran cantidad de victorias. Las Cortes de Cádiz promulgaron una amnistía para los afrancesados que dejaran de apoyar la ocupación francesa. 
   El 11 de diciembre de 1813 Napoleón había hecho firmar a Fernando VII, al que mantenía prisionero, el tratado de Valençay, por el que le reponía en el trono de España pero con unas condiciones que la Regencia y las Cortes de Cádiz no aprobaron. No fue hasta el 10 de marzo de 1814 cuando Napoleón tiró la toalla y ordenó al Mariscal Suchet que organizara la retirada de las tropas que ocupaban Cataluña. Dos semanas más tarde Fernando VII volvía a España entrando por Gerona, pero sin poder pasar por Barcelona, que seguía ocupada. El 17 de abril de ese año, con apoyo militar, el Rey restauraba la Monarquía absoluta (anulando la Constitución liberal). El conflicto diplomático y armado en Cataluña se prolongó hasta finales de mayo de 1814: el día 28 el ejército francés se retiró de Barcelona, y el día 30 Copons entró en la Ciudad Condal portando en sus manos un retrato del Rey Fernando VII. Muchos catalanes afrancesados se tuvieron que exiliar a Francia...

   En resumen, entre 1812 y 1814, durante dos años y cuatro meses, Cataluña perteneció a Francia de hecho, de derecho y por la fuerza de las armas. Si a España no hubiera luchado por recuperar su independencia y su integridad, y si no le hubiera importado el destino de Cataluña, esa parte tan querida de la milenaria nación española, ahora todos los catalanes serían franceses y hablarían francés... El actual gobierno de la República Francesa no permite la existencia de partidos nacionalistas (PD: ver primer comentario), por lo que cualquier hipotético separatista catalán (dentro de la hipótesis previa) sería considerado traidor. Por suerte para todos, ya no se usan las guillotinas.

Ver los otros dos artículos de esta serie titulada: Si todavía se habla catalán es gracias a España:
1 de 3: Si todavía se habla catalán es gracias a España. Tratado de Corbeil 1258 (Ver).

3 comentarios:

  1. Eso de que no permite la existencia de partidos nacionalistas es mentira. ¿Qué son acaso el PNV, Euskal Herria bai, Pè a Corsica o Corsica Libera?

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    1. Gracias por su comentario, pero tengo que decirle primero que es falsa su acusación. Por si no lo sabe, mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. Para acusarme razonablemente de mentir tendría que estar seguro usted de que yo pensaba otra cosa distinta de lo que dije o escribí, y no es el caso.
      He investigado y tiene usted razón de que hay partidos nacionalistas en Francia, pero son minoritarios y no se pueden considerar nacionalistas en el mismo sentido que empleamos la palabra nacionalista en España, pues en Francia no hay parlamentos autonómicos que dicten leyes que entren en conflicto con las leyes del Estado, como ocurre en España por ejemplo con la política lingüística en la enseñanza en las comunidades gobernadas por partidos nacionalistas. Eso nunca pasará en Francia, pues el Gobierno de la República no permite una descentralización del sistema educativo. La Constitución Francesa de 1958 refuerza la centralidad parlamentaria y anula cualquier autonomía gubernamental. Podemos pensar que es posible que en el futuro la Guyana Francesa y Martinica puedan plantear independizarse de Francia, pero antes tendría que cambiar la Constitución. Y ningún partido puede defender iniciativas legislativas que vayan contra la constitución: por eso es una República, porque se respeta la Ley emanada del pueblo: de todo el pueblo, de todos los franceses, y no se permite que unos cuantos decidan por todos o vayan contra lo establecido por todos...
      He añadido una llamada en el texto del artículo a su comentario, que le agradezco. Un saludo.

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  2. No, oiga, lo que usted está haciendo son trampas al solitario. En primer lugar diciendo que no existen partidos nacionalistas en Francia, lo cual es una mentira (sí, una mentira, la segunda acepción de la RAE es la aplicable a este caso) y luego casi inventando una nueva definición de nacionalismo para justificarse. Nacionalistas siguen siendo, independientemente de la estructura y legislación que se dé en Francia.

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