lunes, 23 de junio de 2014

Rosalía de Castro y "Castellanos de Castilla": una manipulación xenófoba.

Estoy seguro de que Rosalía de Castro no odiaba a Castilla ni a sus habitantes. Y sin embargo es lo que algunos quieren hacernos creer.
Hace poco he visto en un colegio de Vigo un gran cartel que ofrecía un extracto de “Castellanos de Castilla”: y me ha parecido muy inadecuado. ¿Saben acaso los niños que leen esa poesía que en ese texto Rosalía plasma dramáticamente el grito amargo y desgarrador de una mujer gallega que sufre la muerte de su marido, que acaba de regresar de trabajar en Castilla? No lo saben: porque se les ofrece la parte más “anticastellana” de la composición, expresada en primera persona.
Muchos asumen como cierta la leyenda negra que dice que los castellanos trataban mal a los gallegos. Durante gran parte del siglo XIX y hasta los años 60 del XX (cuando se impusieron los tractores y las cosechadoras) miles de gallegos, generación tras generación, cruzaban los límites entre Galicia y Castilla a comienzos del verano (tras la celebración de San Pedro), volviendo a mediados de agosto negros por haber trabajado de sol a sol, pero con varios miles de pesetas con que ayudar a la familia: un dinero vital que no podían conseguir de otra manera. Muchos castellanos (sobre todo de Zamora, Salamanca y Ávila) acogían en sus casas a esas cuadrillas de gallegos, que eran muy apreciados en los pueblos de Castilla por su incansable dedicación al trabajo y por su maestría con las hoces o fouciños. Según reflejan algunas crónicas, los gallegos trabajaban más rápido que otros jornaleros de otros sitios (como los venidos de Extremadura), y lo hacían tanto por su laboriosidad innata como por su afán de terminar pronto el trabajo para regresar cuanto antes a Galicia. No se les pagaba menos ni se les trataba peor que a otros. Y aunque el trabajo era duro y algunos terratenientes de Castilla trataban mal a los jornaleros, lo mismo pasaba en Galicia con los caciques, cuando no era peor.
Es cierto que al principio Rosalía escribió algunos de sus versos para apoyar las ideas políticas galleguistas de su marido, Manuel Murguía: quizá por condescendencia o quizá obligado por él (no olvidemos que Murguía era un machista que la dejo embarazada, no permitió que la madre de Rosalía asistiera a su boda, y le robó las poesías de Cantares Gallegos para publicarlas sin su permiso…). Y Rosalía reconoció (en el prólogo de Follas Novas) que había contribuido a la lucha política de su marido; y que Cantares Gallegos había sido una declaración de guerra, afirmando que ella misma había levantado una bandera... Pero también sabemos que en un momento de su vida, en 1881, Rosalía se enfrentó a su marido y a sus amigos y renegó de ese movimiento galleguista, declarando que nunca más volvería a escribir en gallego. Cuando Rosalía murió, Manuel Murguía quemó algunos de sus escritos: se puede suponer que todos los que no venían bien a sus proyectos antiespañolistas. Por ello se puede afirmar que la imagen de Rosalía que hemos recibido es una falsificación: una mitificación al servicio de la política nacionalista.
Rosalía se fue de Galicia con 18 años para escapar de la pobreza y de la discriminación. Y no le fue mal en Madrid, que se puede considerar su “tierra de acogida”. Allí fue donde se casó, publicó sus primeros libros y escribió Cantares Gallegos. Tiempo después Rosalía vivió tres años en Simancas (Valladolid), y allí escribió la mayor parte de Follas Novas, su otro libro de poesías en gallego. No hay que olvidar que la lengua que hablaba Rosalía era el castellano, lengua en la que está escrita la mayor parte de su obra literaria. Cuando Rosalía añoraba y cantaba las bellezas naturales de Galicia decía que Castilla era como un desierto: pero no había odio en esas poesías.... Pienso que si algo hizo sufrir profundamente a Rosalía no fue lo que hacían los castellanos, sino lo que pasaba en Galicia. “¡Sófrese tanto nesta querida terra gallega!”, escribió en la introducción a Follas Novas, donde trata continuamente de la pobreza, la enfermedad, la opresión social, el clasismo, el machismo… imperante en Galicia.
Muchos enseñantes gallegos, y la propia Xunta, han asumido la bandera del nacionalismo y siguen utilizando a Rosalía para defender una ideología xenófoba y para atacar a los que “non nos entenden non” (como dice el Himno Gallego, en un párrafo que merece nuestro rechazo y que habría que corregir). Deberían hacer caso a Rosalía, que escribía en Follas Novas: “Os bardos fillos teus a voz levanten, das cordas ó compás, i enchan o mundo armónicas i altivas, tan só para te alabar”: tan sólo alabar a Galicia, sin despreciar a nadie: eso es lo que quería de verdad Rosalía que hicieran nuestros Bardos. Y también escribió: “Esta fala mimosa que nós temos, de tan doce solás (solaz), que non sabe dicir sinón cariños, que hastra os corazóns van.”: según ella, la lengua gallega sólo debería usarse para decir cariños, no para insultar y atacar… Tristemente en Galicia todavía hay motivos para clamar, como hacía Rosalía, contra los que fomentan el odio y creen (y promueven desde las escuelas y la política) que alguien es mejor o peor por haber nacido en un sitio concreto, por vivir aquí o allá, o por hablar una lengua u otra.
Castellanos de Castilla no es una declaración política: no se debe sacar de contexto ni debe usarse para manipular a los niños, fomentando sentimientos xenófobos.

(Artículo publicado hoy en Atlántico Diario de Vigo: Ver).

2 comentarios:

  1. Un paupérrimo intento de apropiación de Rosalía polo españolismo. Try harder.

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    1. Calquera diría, segundo este texto, que Madrid era a cuna dos dereitos humanos na época na que Rosalía residiu aló e Galiza era un califato árabe... O certo é que poden decir misa, Rosalía considerábase antes galega que española e foi unha figura relegada por iso en España, mentras só aquí era venerada.

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