miércoles, 8 de octubre de 2014

Rosa Díez nos engaña: dentro de UPyD no hay separación de poderes. El caso Calvet.

   UPyD es sinónimo de despotismo. Rosa Díez gobierna su partido con una autoridad absoluta que no está limitada por ningún control. UPyD exige a los demás (al gobierno, y también a los otros partidos) justicia independiente del poder: pero dentro de UPyD no existe separación de poderes.
   El 23 de septiembre Rosa Díez (o su Consejo de Dirección, que es lo mismo, porque lo forman unos cuantos afiliados elegidos por ella que nunca le han llevado la contraria ni se la llevarán) destituyó fulminantemente (sin proceso, mandando una nota) a uno de los tres miembros de la Oficina de Control de Buenas Prácticas de UPyD, Enrique Calvet, simplemente porque había manifestado su apoyo a Francisco Sosa Wagnereurodiputado de UPyD (su portavoz en Europa), quien en su carta “Después de las europeas”, publicada en El Mundo el 19 de agosto, había planteado pactar con Ciudadanos y revisar las prácticas autoritarias que se estaban dando dentro de UPyD (Ver)Ni lo que hizo Sosa Wagner ni lo que hizo Enrique Calvet le pareció aceptable a Rosa. Por eso "se cargó" a Enrique Calvet (Ver artículo: Siguen las purgas en UPyD: Díez se cobra la ‘cabeza’ de un próximo a Sosa Wagner). Y tras realizar esa remodelación de la Oficina de Control interno de UPyD, ya sin Calvet en ella, UPyD, y en concreto esa Oficina de Control, ha abierto expediente contra Sosa Wagner (Ver noticia) y contra otros tres afiliados implicados en "el caso Sosa" (aunque seguramente han metido a tres más para disimular las represalias que ya han empezado contra Sosa Wagner (Ver), a quien la dirección de UPyD considera un traidor): así, Enrique Calvet, al no estar ya en la Oficina, no podrá intervenir en el expediente sancionador de Sosa Wagner.
   La decisión de Rosa Díez de destituir a Calvet antes del expedientar a Sosa Wagner resulta escandalosa. ¿Qué nos parecería que Mariano Rajoy promoviera una condena del Tribunal Supremo contra alguien, y unos días antes de abrirse ese proceso Rajoy destituyera a los Jueces del Supremo que se hubieran mostrado favorables al acusado, y nombrara a dedo a otros nuevos, encargados de presentar los cargos y de juzgar a la "víctima" de Rajoy?
   Enrique Calvet es un político y economista muy prestigioso (Ver currículum). Fue el número 5 en la lista de UPyD en las pasadas europeas de mayo. Calvet había sido nombrado miembro de la Oficina de Control de Buenas Prácticas de UPyD (órgano encargado de velar para que todos los afiliados respeten el Código de Buenas Prácticas del Partido: una especie de tribunal que se ocupa de prevenir y juzgar la corrupción interna y las prácticas irregulares que puedan surgir en UPyD) en el II Congreso de UPyD celebrado el pasado mes de noviembre. Calvet había sido elegido para ese puesto por el Consejo de Dirección.
   Tras desencadenarse la crisis en UPyD ("el caso Sosa"), Enrique Calvet publicó un artículo (en La Voz Libre), el 29 de agosto, titulado: "¿UPyD y Ciudadanos? Pero... ¿cuál UPyD?". Calvet se alegraba de que al final se fuera a tocar el tema de los posibles pactos con Ciudadanos, pero lamentaba que el tema C´s fuera una cortina de humo para tapar los verdaderos problemas de fondo de UPyD, evidenciados tras el varapalo de las elecciones europeas, en las que UPyD perdió muchos votos. Calvet compartía y apoyaba el criterio de Sosa Wagner: había que estudiar la nueva situación creada, hacer un diagnóstico y tomar medidas dirigidas a renovar y fortalecer al partido. Enrique Calvet iba más allá y consideraba imprescindible hacer todo eso, y terminaba haciendo una propuesta más concreta: "Por cariño pleno a UPyD y amor a la democracia, se me ocurre la alternativa de un Congreso Extraordinario urgente, limpio y abierto, como trampolín indispensable de la regeneración". Varios cargos y afiliados de UPyD se han declarado públicamente a favor de celebrar ese Congreso Extraordinario (Ver) (Ver)
Enrique Calvet en un acto de campaña, en las Europeas
A su izquierda, su sustituto en la OCBP, Lucas Calvo, que
trabaja de asesor de un miembro del Consejo de Dirección.
   Como ya he dicho, hace unos días el Consejo de Dirección anunciaba que destituía a Enrique Calvet y que colocaba en su lugar a otro afiliado (Lucas M. Calvo, que figuraba en el puesto 48 de la lista de las europeas). UPyD afirmaba (en nota oficial) que lo hacían “por exigencias del artículo 33.4 de los Estatutos de UPyD, que establecen que ese puesto debe ocuparlo un licenciada en economía” (Ver). Si eso fuera cierto, UPyD estaría reconociendo que cuando nombraron a Calvet para ese puesto, diez meses antes, habrían incumplido los Estatutos. Pero UPyD no estaba diciendo la verdad, pues los Estatutos dicen que ese puesto debe ser cubierto por un “Licenciado en Ciencias de la Economía, Dirección de Empresas o titulación de semejante perfil técnico”: y Calvet cumple y supera ese perfil sobradamente. El propio Calvet afirmó que se sorprendió mucho de su repentina destitución, y que creía que había sido instada por Rosa Díez como represalia por sus escritos de estos días. Quizá sobre todo por su escrito publicado en El Mundo Financiero, el 10 de septiembre, titulado "UPyD: después del Consejo, más necesario el Congreso": considera que la reunión del Consejo Político del día 9 de septiembre fue una ocasión perdida, un error que había debilitado al partido; y tras quejarse de los ataques a Sosa y calificar razonadamente de absurdos algunos contenidos del documento aprobado, Calvet sugería a UPyD que para salir de esta crisis y superarla debía analizarse a fondo "lo que señalaba el dedo del Profesor Sosa, es decir el perfeccionamiento de métodos y actitudes de democracia interna y las dificultades (o no) de comunicación, en vez de machacar el dedo sin ocuparse de lo esencial" (Ver).
   Enrique Calvet ha sido purgado y destituido de sus responsabilidades en UPyD simplemente por opinar y criticar, y por proponer educada y razonablemente lo que considera mejor para su partido. Sus declaraciones tras recibir la notificación de su destitución resultan impresionantes, y dejan en muy mal lugar a UPyD: Ver.
   Destaco algunas frases de Enrique Calvet: "La Dirección (de UPyD) ha vuelto a dar un paso atrás clamoroso en la cacareada democracia interna". "Han sometido a prostitución a los órganos creados para supuestamente, ser modelo de 'democracia interna'". "Todos sabemos que para la democracia interna, lo vacuo es la creación de órganos, instituciones y comités, y lo denso es cómo se utilizan, por quién y con qué intenciones". "Un órgano supremo de garantía y justicia para los afiliados (.) no puede estar procedimentalmente al capricho del Consejo de Dirección el sustituirlo con una notificación. Ese procedimiento (que desconocía, la verdad) quita toda credibilidad al órgano y desenmascara una voluntad de disimular democracia interna, pero no practicarla. Si las personas que han de juzgar actitudes y actuaciones son sustituibles de un plumazo por quienes podrían ser encausados, ¿para qué sirve el órgano? Para engañar. Yo creía que tras el nombramiento por el Consejo Político, los tres miembros de la Oficina de Buenas Prácticas Públicas eramos inamovibles, salvo grave acto doloso o delincuente, demostrado tras un proceso".
   El despotismo de UPyD (la falta de equilibrio de poderes dentro del partido) no es algo circunstancial: se demuestra en cómo están regulados en sus Estatutos sus dos órganos de control interno:
   1) La Oficina de Control de Buenas Prácticas la forman tres miembros, elegidos en cada Congreso de UPyD: dos de ellos los elige el Consejo de Dirección y el otro lo elige el Consejo Político (donde el Consejo de Dirección consigue colocar a sus recomendados con las famosas listas que distribuye entre los afiliados).
   2) Y la Comisión de Garantías, formada por tres miembros que son elegidos en cada Congreso por votación de los Delegados asistentes (la mayoría también promocionados por el aparato del partido, que así se asegura mayoría de delegados fieles, sumisos y agradecidos) previa presentación de candidaturas completas cerradas: cualquier lista alternativa que trate de ganar a la lista “oficialista” que propone y promociona la Dirección no tiene ninguna opción, por lo que esa comisión de Garantías es monocolor ("magenta oficial"). Así ocurre luego lo que ocurre: que esa Comisión de Garantías encubre mentiras e incumplimientos de Estatutos de dirigentes de UPyD, y permite que tras recibir UPyD una denuncia de un afiliado contra un miembro del Consejo de Dirección, sea ese mismo miembro el que resuelve y rechaza la denuncia, como hizo Juan Luis Fabo, responsable de Organización, al menos en dos ocasiones, incumpliendo descaradamente los Estatutos (Ver). Queda muy claro que esa Comisión es una marioneta en sus manos.
   Una de las condiciones que UPyD exigía al partido Ciudadanos para pactar con ellos, en el documento propuesto por el Consejo de Rosa Díez y aprobado por el Consejo Político de UPyD hace un mes (punto A.2.c) (Ver) exigía: “La existencia de órganos internos autónomos de control de la actividad del partido, tanto en defensa de los afiliados y/o simpatizantes como para garantizar la democracia interna y la sujeción a los estatutos de las decisiones de los distintos órganos de dirección”. En UPyD existen esos órganos (son los dos mencionados arriba), pero no son autónomos, ni defienden a los afiliados, ni garantizan la democracia interna ni la sujeción de los dirigentes del partido a los Estatutos: son un paripé, una burla, un fraude.
   Es significativo el contraste que ofrece el partido liderado por Albert Rivera, cada vez más criticado y atacado por Rosa Díez y por sus fieles (Ver)En Ciudadanos existe una Comisión de Garantías que se define en sus Estatutos como "el órgano encargado de velar por el funcionamiento democrático y transparente del partido y de garantizar los derechos de los afiliados": está formada por nueve miembros elegidos por la Asamblea General mediante listas abiertas. Sin duda eso es más democrático, y garantiza mucho mejor el equilibrio de poderes (evitando el despotismo) y una justicia interna independiente. Algo que UPyD predica pero no cumple.

   PD 1. Enlace al artículo titulado "UPyD ¿regeneración o irrelevancia", publicado ayer en El Mundo por Enrique Calvet, donde relanza la idea de un Congreso Extraordinario Urgente.

   PD 2: enlace al artículo que analiza cómo los cambios en los Estatutos de UPyD aprobados el pasado 2 de noviembre van todos en la línea de un mayor autoritarismo, menor democracia interna, y menor equilibrio de poderes: en UPyD se ha instalado el despotismo.

11 comentarios:

  1. Esa Oficina de UPyD debía expedientar también a su portavoz Rosa Díez, por llamar falso y pesetero a Paco Sosa.
    Y al concejal de Madrid de UPyD Jaime de Berenguer, que fue de los que peor trataron a Sosa Wagner en la reunión del CP y le atribuye mentiras y malicia en su Blog.
    Y al mismo Enrique Calvet, que ha criticado públicamente a UPyD en los mismos puntos en que lo hizo Sosa Wagner.
    Y al filósofo Cofundador de UPyD FernandoSavater, que en el 2º Congreso del partido dijo que habría que superar el personalismo de Rosa Díez y pactar con ciudadanos...
    Y la lista podría seguir...
    O a todos, o a ninguno...
    A todos.

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  2. Voy a hacer un mini resumen aprovechando tu trabajo. Le podemos llamar "robo". ;)

    Pero intentaré que sirva de aliciente para leer el original completo, aquí.

    Por cierto, en el primero congreso y su candidatura alternativa, ha sido el único momento en UPyD en el que se ha discutido -por lo bajini y de perfil- la democracia interna del partido. Un poco de risa, porque oficialmente nadie escuchaba los argumentos alternativos - que ocurrían el la plaza. Pero contestaban a los que les parecían más fuertes, sin decir a quién o a qué estaban contestando. Y sobre esta cuestión concreta de la separación de poderes, el mismo Gorriarán del artículo de ABC "La democracia en los partidos", escribió con dos cojones que la separación de poderes dentro de un partido es absurda. Literal: absurda. Porque sociedad y partido son muy diferentes, y en la sociedad hay intereses diferentes, mientras que en un partido no debe de haberlos. Acababa de inventar el partido totalitario en su más geniuna expresión. No sé si podré encontrarlo. Estoy hablando de memoria, pero bastante seguro de lo que digo.

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    1. Plaza, tienes buena memoria. Aquí la cita completa

      I Congreso de UPyD
      Ponencia Política.
      Título I: Concepción del Partido y de la Regeneración Democrática
      1.7 El partido y la “democracia Interna”


      69. - Siendo indudable que el partido debe hacer suyos algunos de los procedimientos que recomienda para la regeneración del sistema, también es cierto que la diferencia abismal que media entre un sistema constitucional completo, que estructura políticamente una sociedad compleja, y un partido que forma parte del sistema, obliga a renunciar a reproducir el sistema a una escala distinta. Por ejemplo, es absolutamente necesario que el sistema constitucional incorpore el principio de separación de poderes y de contrapesos institucionales, pero en cambio es absurdo que un partido se dote de poderes separados o incorpore en su seno un modelo de funcionamiento que partiera de la existencia de proyectos políticos enfrentados, al viejo y cainita modo de los “partidos dentro del partido”.

      Copio en oto comentario todo lo relativo a este punto en el que “El Gorri” Como siempre comienza caricaturizando a sus adversarios:

      “Ciertas corrientes de fundamentalismo político que también han tratado de colonizar a UPyD intentan reeditar la forma tradicional del partido de masas o partido-comunidad en nombre, precisamente, de la democracia interna.”. (66).

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  3. Voy a hacer un mini resumen aprovechando tu trabajo. Le podemos llamar "robo". ;)

    Pero intentaré que sirva de aliciente para leer el original completo, aquí.

    Por cierto, en el primero congreso y su candidatura alternativa, ha sido el único momento en UPyD en el que se ha discutido -por lo bajini y de perfil- la democracia interna del partido. Un poco de risa, porque oficialmente nadie escuchaba los argumentos alternativos - que ocurrían el la plaza. Pero contestaban a los que les parecían más fuertes, sin decir a quién o a qué estaban contestando. Y sobre esta cuestión concreta de la separación de poderes, el mismo Gorriarán del artículo de ABC "La democracia en los partidos", escribió con dos cojones que la separación de poderes dentro de un partido es absurda. Literal: absurda. Porque sociedad y partido son muy diferentes, y en la sociedad hay intereses diferentes, mientras que en un partido no debe de haberlos. Acababa de inventar el partido totalitario, en su más geniuna expresión. No sé si podré encontrarlo. Estoy hablando de memoria, pero bastante seguro de lo que digo.

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  4. 1.7 El partido y la “democracia Interna”

    65. - El funcionamiento interno de los partidos no es una cuestión privada: tiene relevancia pública porque modela y condiciona la vida política. Al fin y al cabo, son los partidos los que presentan candidatos, deciden las leyes y normas electorales, y tras las elecciones desempeñan las tareas de gobierno y oposición, de modo que sus decisiones de carácter interno tienen, inevitablemente, gran repercusión pública. Incluso pueden, como ocurre a menudo, alterar mediante pactos poselectorales la voluntad popular salida en las urnas. En conclusión, el funcionamiento de los partidos es parte fundamental del sistema democrático, no un asunto externo al mismo. Por eso mismo conviene adoptar un modelo organizativo lo más semejante posible a las normas que se proponen para el sistema democrático, pero con una importante salvedad: un partido político no es una democracia dentro de la democracia, ni un Estado dentro del Estado, sino un instrumento al servicio de la política que representa un proyecto particular, “de parte”, no “de totalidad” aunque se dirija al conjunto de los ciudadanos.

    66. - Ciertas corrientes de fundamentalismo político que también han tratado de colonizar a UPyD intentan reeditar la forma tradicional del partido de masas o partido-comunidad en nombre, precisamente, de la democracia interna. Pero la identificación de la democracia interna de un partido con el sistema democrático en su conjunto es una falacia capaz de frustrar ese proyecto de regeneración democrática que se pretende abanderar más que nadie. El concepto de partido-comunidad es congruente con la concepción típica de las religiones políticas (como los nacionalismo y las corrientes marxistas), en las que el partido aspira a sintetizar y anticipar los rasgos generales de la sociedad ideal que persiguen, a modo de un Estado nuevo, dentro del viejo Estado, que emergerá en su momento para sustituir al segundo en un salto revolucionario.Pero este concepto de partido-comunidad –alternativa a la sociedad existente- no sólo es inadecuado para la regeneración democrática que propugnamos, sino completamente antagónico con ella. Un partido propone una política para toda la sociedad en su conjunto, no para esa sección especial y limitada que es uno de los partidos políticos que existen en su seno.

    67. - En efecto, la regeneración de la democracia no consiste en la sustitución del sistema existente por uno completamente distinto de nueva planta –sea otra nación, como propugnan los separatistas, sea una sociedad radicalmente distinta-, sino en la adecuación progresiva y progresista, mediante reformas sucesivas, de las instituciones jurídicas y políticas de la democracia, de manera que estén más adaptadas a las cambiantes características de la sociedad española actual, y siempre con la vista puesta en el horizonte de una mayor libertad e igualdad. Ahora bien, mejorar la igualdad no significa, como pretendía el marxismo, estrangular cualquier forma de desigualdad económica, porque esa estrategia conduce inexorablemente a la extinción de la libertad. Del mismo modo, la creación de una nueva nación mediante la ruptura de la
    nación española, como pretende el nacionalismo, siempre conlleva el coste injustificable de la destrucción del sistema democrático, y por tanto de la libertad e igualdad de los ciudadanos. Por el contrario, la regeneración democrática que concebimos pretende que la igualdad a mejorar sea la que consiste en igualdad jurídica, igualdad de oportunidades de acceso a los bienes materiales, e igualdad de disfrute de los servicios sociales básicos y de acceso a la educación y a la cultura. Nuestra convicción es que el desarrollo paulatino de esta concepción igualitaria conduce a una mejora de la libertad personal, al liberar progresivamente a los sujetos de sujeciones materiales y deficiencias educativas y culturales que les impiden en la práctica un mayor disfrute de su libertad jurídica.

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  5. (El partido y la “democracia Interna” )

    68. - El partido político acorde con el modelo ilustrado de nación constitucional no puede pretender ser la semilla ni el núcleo experimental de una sociedad alternativa a la existente sino, por el contrario, una asociación de ciudadanos libres para la promoción de un proyecto político común congruente en una sociedad abierta y cambiante, constituida en nación. Esta asociación política de ciudadanos no pretende ser la vanguardia de la sociedad del futuro, ni la comunidad de elegidos que preserva y transmite la llama sagrada de la nación a las generaciones venideras. Sólo quiere ser un partido político con un proyecto propio que compita en igualdad de condiciones con otros partidos rivales para acceder a las instituciones mediante procesos electorales.

    69. - Siendo indudable que el partido debe hacer suyos algunos de los procedimientos que recomienda para la regeneración del sistema, también es cierto que la diferencia abismal que media entre un sistema constitucional completo, que estructura políticamente una sociedad compleja, y un partido que forma parte del sistema, obliga a renunciar a reproducir el sistema a una escala distinta. Por ejemplo, es absolutamente necesario que el sistema constitucional incorpore el principio de separación de poderes y de contrapesos institucionales, pero en cambio es absurdo que un partido se dote de poderes separados o incorpore en su seno un modelo de funcionamiento que partiera de la existencia de proyectos políticos enfrentados, al viejo y cainita modo de los “partidos dentro del partido”.

    70. - Algunas exigencias de “democracia interna” se derivan precisamente de esa confusión, de la falacia de que un partido político debe estructurarse a imagen y semejanza del sistema democrático porque es una sociedad dentro de la sociedad, o el visionario núcleo fundador de una pretendida sociedad del futuro. Un partido de ese tipo sería, en primer lugar, completamente inviable e ineficaz para su única justificación de existir, a saber, la acción política, que siempre es una acción pública sobre los asuntos públicos. La razón de esta incapacidad estriba en que al adoptar en su seno una imitación del sistema en su conjunto, toda su acción quedaría inexorablemente orientada a reproducir los debates y conflictos de intereses unidos a las luchas por el poder que en la democracia se ventilan entre partidos distintos. Un partido así sólo podría aspirar a “dar ejemplo”, a mostrarse como un experimento de cómo sería la democracia ideal si
    el sistema imitara al partido modelo. En última instancia, un partido así necesita aspirar a ser el partido único o vanguardia guía, mientras los demás partidos aparecen como poco o nada democráticos y, por tanto, deslegitimados e inútiles para la empresa de instaurar esa supuesta democracia perfecta. En definitiva, ese partido ideal de tipo comunitario acaba desapareciendo o siendo finalmente un partido totalitario que no pretende ofrecer sus propuestas a la ciudadanía, sino obligarla a adoptar sus reglas, privándola de libertad, liquidando la igualdad y acabando con la ciudadanía y la democracia posible en nombre de la democracia perfecta. Es el proceso experimentado en el curso de numerosas revoluciones, en las que un partido revolucionario que se presenta como adalid de la libertad acaba liquidando ésta por completo.


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  6. (El partido y la “democracia Interna”)

    71. - Un partido político comprometido con la regeneración democrática debe pues adoptar aquel modelo de organización que, siendo fiel a sus exigencias y objetivos, sea siempre el más eficaz para la acción política emprendida. Por lo tanto, debe basarse tanto en principios firmes como en criterios pragmáticos. A diferencia de los partidos tradicionales conservadores, deberá emprender y adoptar formas de organización y trabajo político con objetivos claramente renovadores, congruentes con sus postulados y ofertas a la sociedad (por ejemplo, limitar los mandatos para corregir la tendencia de la política a convertirse en profesión, o establecer incompatibilidades que eviten la excesiva acumulación de poder). Y a diferencia de los partidoscomunidad, no pretende suplantar al sistema democrático existente anticipándolo en su estructura, sino mejorar, mediante la acción política en las instituciones, el sistema constitucional existente.

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    1. Gorriarán cuando quiere es inextricable. Tras hacer el esfuerzo de entenderle, me resulta falaz y cínico, además de prepotente: trata de justificar que un partido político para ser útil a la democracia no debe ser democrático; nadie debe controlar a los que tienen el poder en el partido (se nota que él está a gusto en el poder desde que tomó el mando de Basta Ya en 1999, y después de Plataforma Pro) no debe haber poderes políticos separados. E introduce una falsa premisa (que serían proyectos políticos enfrentados dentro del partido) para impedir que dentro de UPyD haya diversidad de opiniones sobre el mismo proyecto. Qué cara.

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    2. El problema es que el mismo que escribio lo anterior, también escribió lo que sigue a continuación:

      "Todo apunta a que el problema es cómo hacer un partido que no pretenda ser ni partido-vanguardia al viejo estilo paleomarxista, ni partido de masas centralizado al estilo PSOE o PP, pero tampoco una creación de diseño para captar un mercado de votos disponibles. ¿Y por qué tiene que ser distinto, dirán ustedes? Porque un partido que aspira a recoger los votos de los críticos con el sistema de partidos, pues se propone cambiarlo, ni puede repetir los fallos habituales reproduciendo sus peores propensiones (selección negativa, por ejemplo), ni puede ignorar que recibirá apoyos de distinta orientación ideológica, algunos –o muchos- muy borrosos o eclécticos. Para sumar y existir, ese partido debería albergar sin excesivos crujidos a gente de simpatía liberal igualitaria, republicana (lean a Ovejero para entender de qué va ese “republicanismo”) y de la izquierda renovadora. Y por supuesto, ser un partido laico y antirelativista (me parece que por eso mismo deberá llevarse muy mal con el multiculturalismo).

      La cuestión no es baladí. Quizás un partido así se parezca más a un partido anglosajón (británico o americano), con sus clubs, grupos organizados de influencia y corrientes reconocibles en liza abierta o subterránea –cosas que ponen muy nerviosos a los nostálgicos del leninismo o el jesuitismo-, que a un partido continental con sus militantes sometidos a una disciplina centralizada, celosamente administrada por una pirámide directiva profesional aplicada a eliminar las discrepancias. ¿Es posible algo así en la piel de toro? Bueno, la ventaja es que nadie lo ha intentado antes. Y, aunque a veces el desánimo y la indignación hacen que lo olvidemos, en España se han logrado estos años tantas cosas que parecían imposibles…" (CMG blog 29-05-207)

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  7. Los acontecimientos se precipitan.Sosa Wagner deja UPyD tras el acoso y derribo. Primero los insultos, después la portavocía, y ahora por lo menos ha demostrado dignidad dejando el carnet y el acta de eurodiputado. Dignidad que por cierto solo tuvo Rosa Díez con el PSOE cuando se aseguró la pensión del Parlamento Europeo después de ocho años.

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    1. Pues el que le sigue en la lista es Enrique Calvet, le corresponde substituir a Sosa Wagner :)

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